El rock también hizo historia en el Estéreo Picnic 2026
Por Administrador
Publicado en 26/03/2026 10:29
Música

El rock sí tuvo su lugar en el FEP 2026

Cuando cayó la noche en el parque, el ambiente empezó a sentirse como se siente un Festival Estéreo Picnic cuando el cartel también le apuesta a las guitarras: gente apurando el paso entre escenarios, camisetas negras por todos lados y esa expectativa previa a los conciertos grandes, justo antes de que se desate el caos.
Y aunque el FEP 2026 tuvo espacio para muchos sonidos, el rock volvió a dejar varios de los momentos más intensos, memorables y celebrados de toda la edición.

Turnstile: energía sin pausa

Si hubo una banda encargada de prender la mecha, fue Turnstile. Lo suyo no fue simplemente tocar: fue activar al público desde el primer minuto. Cada canción empujó a la gente a moverse, saltar y entregarse a un pogo que terminó siendo el lenguaje común del show.

La banda sonó contundente, rápida y precisa, pero lo más potente estuvo abajo de la tarima: un público completamente conectado, metido en la misma frecuencia, convirtiendo el desorden en celebración. Por un momento, no fue solo ver a Turnstile; fue sentirse parte de lo que estaba pasando.

The Killers: clásicos que ya son parte de la historia del festival

Hay artistas que encabezan un cartel, y hay otros que además construyen historia dentro del festival. The Killers está en ese grupo. Su relación con el Estéreo Picnic no es nueva, y su regreso en 2026 confirmó por qué siguen siendo una de esas bandas capaces de convocar generaciones enteras alrededor de un repertorio que ya vive en la memoria colectiva.

El show fue grande, sólido y efectivo, como se esperaba. Brandon Flowers llevó el concierto con la seguridad y presencia de un frontman que domina el escenario y sabe exactamente cómo sostener un coro masivo. Más que cumplir, The Killers reafirmó su lugar dentro de los nombres que han marcado el festival.

Deftones: uno de los momentos más fuertes del FEP 2026

Si había una banda con capacidad real de mover masas este año, era Deftones. Y se sintió desde temprano. Su jornada fue, probablemente, una de las más concurridas de todo el festival: miles de personas llegaron con tiempo, buscaron un buen lugar y se quedaron ahí, esperando uno de los shows más anticipados de la edición.

En escena, Deftones entregó exactamente lo que su público esperaba y quizá un poco más. Chino Moreno volvió a demostrar por qué sigue siendo una figura tan magnética: su voz transitó entre lo frágil y lo pesado con naturalidad, mientras la banda construía esa atmósfera densa, emocional y explosiva que la hizo imprescindible para varias generaciones.

El headbang fue permanente, el ambiente se mantuvo cargado de intensidad y el show terminó sintiéndose como uno de esos conciertos que definen una edición completa. Deftones no llegó solo a tocar: llegó a dejar huella.

The Whitest Boy Alive: elegancia en medio del ruido

Entre tantos momentos de impacto y distorsión, The Whitest Boy Alive ofreció una pausa distinta, pero igual de valiosa. Su presentación apostó por la fineza, el control y la construcción paciente de un groove que fue creciendo canción tras canción.

Sin necesidad de exagerar el volumen ni el gesto, la banda logró atrapar al público con un set limpio, sólido y muy bien ejecutado. Fue uno de esos conciertos que se disfrutan por detalle, por musicalidad y por la forma en que logran meterte, poco a poco, en su propia lógica. Un gran momento indie dentro de una jornada cargada de estímulos.

Mención especial: Viagra Boys y la actitud como sello

También hubo espacio para propuestas con más filo, y en ese terreno Viagra Boys se ganó una mención aparte. Su show tuvo irreverencia, tensión, desorden y esa sensación de no pedir permiso para existir. Justamente ahí estuvo su valor.

Fue una presentación con carácter, de esas que le recuerdan al festival que no todo tiene que ser perfecto ni pulido para ser memorable. A veces también hace falta incomodar, empujar y ensuciar un poco el panorama.

El mensaje que deja esta edición

Más allá de los nombres puntuales, el FEP 2026 dejó algo claro: cuando el festival le da un espacio importante al rock, el ambiente cambia. Se siente en la energía del público, en la respuesta frente a las bandas y en la intensidad de varios de los momentos que terminan quedándose en la memoria.

Por eso, esta edición también deja una idea para el futuro: sería muy valioso ver una presencia aún mayor de artistas de rock y metal en próximos carteles. No por nostalgia ni por capricho, sino porque este año quedó demostrado que ese lado del festival sigue vivo, convoca, emociona y puede aportar varios de los puntos más altos de toda la experiencia.

 

El Estéreo Picnic ya probó que tiene espacio para eso. Ahora la expectativa es que se anime a llevarlo todavía más lejos.

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